Tartalo, el ‘Polifemo vasco’ incorporado al carnaval de Zizur Nagusia

Hijo de Poseidón y la ninfa Toosa, Polifemo es el más famoso de los cíclopes de la mitología griega. Era un ser gigantesco, de fuerza descomunal y con un solo ojo en la frente. En la mitología vasca existe un ser muy similar, de nombre Tartalo. Tenía una de sus moradas en el monte Erreniega y forma parte del carnaval de Zizur Nagusia.

Iñaki Vigor|2020/02/11
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Tartalo, uno de los personajes del carnaval de Zizur Nagusia. (A. VAZQUEZ)

El hogar más conocido de Tartalo estaba en el monte Saadar, cerca de Zegama, donde existe un dolmen conocido precisamente como Tartalo-etxea. Pero otra de sus moradas estaba en las inmediaciones del monte Erreniega (El Perdón), cerca de las localidades de Asiain y Zizur Nagusia, donde tenía una enorme cabaña cuya puerta cerraba con una gran roca.

Ambos personajes mitológicos, el griego y el vasco, tienen grandes similitudes. Viven de forma salvaje, están dotados de enorme fuerza y poseen un solo ojo en medio de la frente, lo que les da un aspecto todavía más terrorífico.

Las leyendas de Grecia y Euskal Herria en torno a este ser antropomorfo también son parecidas, y narran la historia de dos hermanos que se adentran en su cabaña (o cueva) durante una tormenta. Tartalo los descubre y devora al hermano mayor con un asador, y advierte que al día siguiente se comerá al otro.

Cuando Tartalo está dormido, el hermano menor le deja ciego tras clavarle el asador en su único ojo, y consigue escapar camuflado con una piel de oveja. Tartalo le persigue, pero como no puede ver, cae en un pozo de agua y se ahoga.

La mitología griega sitúa la leyenda de Polifemo en torno al año 1000 antes de nuestra era, pero no se sabe cuándo surgió la leyenda de Tartalo en los parajes del monte Saadar y de Erreniega. En algunos viejos relatos vascos también se le denomina Torto, Tartaro, Anxo o Alarabi, pero en ninguno de ellos se hace referencia a la antigüedad de este personaje.

Tartalo fue incorporado hace más de dos décadas a los actos del carnaval de Zizur Nagusia, y ahí sigue, amedrentando a los más pequeños con su aspecto salvaje y su único ojo en la frente.

Los carnavales de Zizur Nagusia están organizados por los colectivos culturales de la localidad, y este año se celebrarán entre los días 22 y 25 de febrero, en vísperas del ‘miércoles de ceniza’.

El sábado se realizará un desfile por la mañana, seguido de comida popular y animada sobremesa, para concluir con una representación por la tarde cuya música ha sido compuesta por los txistularis de Zizur Nagusia.

El lunes se plantará el ‘mayo’, donde el día siguiente será quemado Tartalo. Ese día habrá un desfile por las calles de la localidad, y más tarde comenzará la búsqueda, apresamiento y juicio del siniestro personaje, antes de ser llevado a la hoguera. Tanto la pieza del juicio a Tartalo como el zortziko final que se interpreta durante la quema, son composiciones de los gaiteros de la localidad.



Otras figuras mitológicas en Iruñerria

Al igual que Zizur Nagusia, otras localidades de Iruñerria también han incorporado personajes mitológicos a sus actos de carnaval e incluso a otro tipo de festejos. De hecho, Tartalo también es un kiliki de Sarriguren y un gigante de la comparsa del barrio de la Txantrea.

El carnaval de Atarrabia, organizado por la sociedad Etxe Beltza,  representa la lucha entre dos personajes antagónicos: Atarrabi y Mikelats. Entre las muchas leyendas de la mitología vasca referentes a la diosa Mari, hay una que hace referencia a los dos hijos que tuvo con Maju o Sugaar. Uno de ellos se llama Atarrabi y es bondadoso, ya que ayuda a proteger las cosechas. Por el contrario, Mikelats es el hijo temido por los campesinos y ganaderos vascos, ya que le achacan la formación de tormentas y la destrucción de cosechas y rebaños.

También el barrio iruindarra de Donibane celebra sus carnavales en torno a varios personajes mitológicos, mezclados con otros personajes propios del ámbito rural vasco. La mayoría hacen referencia a animales, como Akerra, Zaldiko, Zezengorri, Oreina, Ahari y Basurde, pero también aparecen Sorgiñak, Momotxorroak, Perretzaileak, Ihoaldunak y Txatxoak.



Personajes inventados o reales

Otras localidades de Iruñerria han preferido incorporar al carnaval sus propios personajes, algunos de ellos inventados y otros basados en personas que realmente existieron.

Así, los vecinos de Uharte (cuyo mote genérico es ‘cebolleros’) cuentan con Tipulón, un gigante cubierto de trenzas de cebolla y otros motivos vegetales que recorre las calles del pueblo representando las fuerzas positivas de la naturaleza. 

Por su parte, Burlata tiene como figura central del carnaval a Lukas de Aierbe, un personaje documentado que nació en Tolosa y vivió en Atarrabia. Se le atribuyen actividades brujeriles, y por eso será apresado, juzgado y quemado en la hoguera.

También fue un personaje real Txolin, figura central del carnaval de Berriozar. Su nombre era Félix Sarasa, nació en Berriogoiti (Berriosuso) a finales del siglo XVIII y llegó a ser alcalde de Artika. Su lengua habitual era el euskara, apenas sabía hablar castellano y participó en la lucha contra la ocupación francesa, lucha que aparece representada en los festejos carnavaleros.

Otro personaje real, incorporado al carnaval de Barañain, es Jacobo de Licras, procurador de origen francés que vivió en el siglo XIV y abusó de su poder para enriquecerse. Tras ser juzgado, se le condenó a ser arrastrado por las calles de Iruñea al son del clarín, se le cortó la lengua y fue ahorcado en el prado de Barañain.

Más antigua es todavía la historia de Mari Trapu, uno de los escasos personajes femeninos del carnaval. Su nombre era Aratz, y siendo niña presenció la muerte de su padre Joanes por parte de los francos allá por el siglo XIII, cuando Iruñea estaba dividida en burgos. Tras ser criada por una bruja en una cueva del monte Ezkaba, Aratz regresó a la capital navarra y vengó la muerte de su padre. Aquella mujer fue conocida como Mari Trapu porque iba vestida con largos trapos.
 

Iñaki VIGOR

Domingo al mediodía. El sol y la agradable temperatura invitan a pasear, pero las calles y plazas de Iruñea están prácticamente desiertas. Han pasado dos semanas desde que comenzó el estado de alarma, para intentar frenar la expansión del coronavirus, y la ciudad ofrece un aspecto que parece irreal.