Begoña Zabala, Gorka Ovejero, Sergio Iribarren y Lur Albizu
Militantes de diversos colectivos

Cuatro activistas de trayectorias muy diversas en los movimientos sociales y políticos navarros analizan para NAIZ el papel del tejido asociativo y la relación con las instituciones en la legislatura del cambio, así como la situación actual del movimiento popular.

«En Nafarroa hay una gran cultura de autoorganización y participación»
Alberto Matxain|2019/10/09
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Lur Albizu, Gorka Ovejero, Sergio Iribarren y Begoña Zabala (Iñigo URIZ/FOKU)

El movimiento feminista está en la cresta de la ola en cuanto a movilización. Pero luego no se cosifica en organización (Begoña Zabala)

Las formas de compromiso están cambiando y a la gente le cuesta más salir a la calle o participar en reuniones (Lur Albizu)

Las instituciones son muy rígidas, muy cerradas. Los movimientos sociales no debemos estar ahí, debemos luchar y poner sobre la mesa nuestras reivindicaciones (Gorka Ovejero)

Tendrán que asumir algunas cosas, porque están muy bien hechas. E Iruñea necesitaba respirar un poco. Se ha ganado mucho en convivencia en estos cuatro años (Sergio Iribarren)

¿Qué papel jugaron los movimientos sociales en la consecución del histórico cambio en la correlación de fuerzas de mayo de 2015?

Sergio Iribarren: En 2015 se dio un cambio institucional, pero no es un cambio que se da de un día para otro. Es algo que viene de la negra noche del 36. Nafarroa se quedó como se quedó. Pasamos por esa maldita transición y en 2015, las fuerzas abertzales y nuevos sectores de izquierdas consiguieron el poder político.

Lur Albizu: Fue una olla a presión, un montón de movimientos sociales que provocaron la alineación de los astros. Sucedió algo que parecía que no iba a ser posible.

Gorka Ovejero: Para la gente de la calle y para los partidos, hubo cambio, pero para algunos sectores del movimiento popular muy de izquierdas casi se hablaba de alternancia. ¿Cómo lo viví yo? Hubo cambio, pero no cambios profundos. Yo diría que hubo cambios en lo simbólico: la primera lehendakari euskaldun, pasos en la normalización del euskara... y quitarle el poder a UPN. Por otro lado, como bien habéis dicho, el movimiento popular estuvo en la calle, muy fuerte por el cambio.

¿Los movimientos sociales supieron resituarse en el nuevo contexto?

Begoña Zabala: Hubo movimientos que se situaron «demasiado bien», cerca de las instituciones. A mí lo que me interesa es hablar de los movimientos realmente transformadores que quieren cambiar la sociedad.

Por suerte, en el ámbito del feminismo hemos tenido el 8M y hemos seguido teniendo movilizaciones contra las agresiones, pero ha habido gente que ha tenido la tentación de no movilizarse o de tener cuidado con la movilización para no asustar, y yo creo que esto es un error. Los grupos que trabajan por la memoria histórica lo han hecho genial, mantuvieron sus reivindicaciones y arrastraron a la institución. Consiguieron algunas cosas muy simbólicas, como decía Gorka, pero en memoria histórica el símbolo es muy importante.

G. O.: Cuando fuerzas progresistas consiguen el gobierno, se da un destensionamiento. Hubo un potente ciclo de movilizaciones, llegó el cambio, «los nuestros», y se extendió una tranquilidad. Para mucha gente fue la sensación de haber ganado ya. Por otro lado, si empezabas a hacer demasiadas críticas, si éramos demasiados en las manifestaciones, había gente que tenía miedo a que volviera la derecha y decía: «Vais contra el gobierno del cambio». Todo eso se juntó y provocó dificultades para resituarse ante el cambio. En el ámbito de la memoria histórica o el feminismo, les ha ido bien. En el del TAV, ha sido brutal, han hecho en cuatro años lo que no habían hecho en quince.

L. A.: Yo creo que mucha gente dijo: «Ya está. Ahora que hagan todo aquello que hemos reivindicado todos estos años». Pero nada es gratis, y tienes que demostrar en la calle.

S. I.: En Gipuzkoa fue curioso cómo, estando EH Bildu en la Diputación, PNV y ‘Diario Vasco’ pasaron a la ofensiva con el tema de las basuras. Echaron a EH Bildu y entonces se generó una potente dinámica en contra de la incineradora: Gipuzkoa Zutik, GuraSOS... Eso en la calle, estando en las instituciones, es la bomba, así sí se para la incineradora. Pero hay que estar. Hay que estar en la calle y en las instituciones.



¿Cómo ha sido la relación con las instituciones?

B. Z.: Tras la llegada del cambio, el Ayuntamiento de Iruñea creó el área de Participación Ciudadana, metieron dos o tres empresas de por medio que nos decían al público en general y a los colectivos en particular qué dinámicas debíamos desarrollar. Peatonalización, por ejemplo. Yo creo que eso no es un sistema. Aparte, cuesta un pastón, engorda la administración, etc. Es importante distinguir bien qué es un movimiento social. No es un tema técnico, es un tema político. Aquí los movimientos estamos enfrentados a las instituciones por una serie de cosas. De entrada ya entrar en la institución es para nosotros ceder un paso atrás en las formas, en los horarios, en los sitios, en los dineros que cuestan las cosas... Nosotras no trabajamos así. En otros tiempos era mucho más fácil hacerlo: nadie entraba a esas cosas. Pero ahora nos movemos en otro modelo, creo que esto está siendo complicado y para mí, el Ayuntamiento no lo ha hecho bien.

¿Qué puede pasar por contra? Pues el modelo gaztetxe (en referencia al gaztetxe Maravillas), que a mí me ha parecido muy desgraciado. Porque llega un momento que tú tienes que saber hasta qué punto le pones en la picota a un gobierno y la quiebra que montas cuando sabes que no vas a ganar. El Gobierno salió de rositas. Le dio igual: orden judicial, desalojo... Ya sabes que no le estás dando con un gaztetxe en el morro al sistema capitalista, sobre todo por la correlación de fuerzas. Mientras haya una correlación de fuerzas favorable y haya en una islita un gaztetxe, va a funcionar. Si es desfavorable, te desalojan y no tiene ningún coste. Es muy difícil que te siga muchísima gente. Llegó un momento que hasta la propia gente que le seguía no lo terminó de ver.

S. I.: Las instituciones deberían dar facilidades a los movimientos sociales. Un ejemplo: la fiesta de Sortzen. Con UPN, llegó un momento en el que era imposible organizar la fiesta en Iruñea. Llegó el cambio y dio facilidades para poder organizarla. Eso es lo que creo que deben hacer las instituciones.

G. O.: A nivel del Gobierno de Nafarroa, Geroa Bai dejó a los otros tres fuera, y en algunas cuestiones básicas, había desacuerdos entre las cuatro fuerzas. Manu Ayerdi dio unas pocas charlas sobre el TAV y habló de proceso participativo para justificarse. No retiraron los PSIS de Aroztegia o de la estación del TAV de Etxabakoitz, que desposeen a los ayuntamientos de competencias alejando el poder de decisión. Es lo mismo que hizo UPN con la incineradora de Olazti.

Las instituciones son muy rígidas, muy cerradas, la contabilidad cada vez es más rígida, las leyes cada vez más restrictivas. Estoy de acuerdo con Begoña, los movimientos sociales no debemos estar ahí, debemos luchar y poner sobre la mesa nuestras reivindicaciones.

¿Fueron los movimientos sociales capaces de conseguir que las instituciones dieran pasos más audaces?

L. A.: Cuatro años es poco tiempo, pero han pasado cosas. Sí creo que ha habido mucha interpelación y muchas contradicciones ya sea por temas como en TAV o porque en otros ámbitos dieron pasos en la buena dirección, pero no todo el mundo quedó satisfecho. Los movimientos sociales sí han hecho muchos análisis y ha habido mucha interpelación. También se ha analizado cómo se complementan los movimientos sociales y las instituciones. Creo que necesitamos fórmulas nuevas, porque, si no sacas a la calle a 80.000 personas, ¿has interpelado o no? ¿Cuanto respaldo es suficiente? Creo que se dieron pasos y habrá que dar más. Y tengo la sensación de que ahora hay como un repliegue de fuerzas, a ver qué viene ahora que han vuelto al poder, a ver qué pasa en Iruñea con las guarderías y con otros muchos temas, y a ver cómo desde la defensa de lo conseguido, creamos una ofensiva.

Tras las elecciones de mayo, tenemos un nuevo gobierno y la derecha gobierna numerosos ayuntamientos importantes. ¿Qué se puede esperar de las instituciones?

G. O.: Con la derecha en las instituciones, se dará un fortalecimiento de los movimientos sociales. Ahora Maya está tranquilo, pero cuando empiece a dar caña, la gente se activará. En base a lo que hagan, intentaremos hacerle frente o condicionarlo.

S. I.: Yo creo que tendrán que asumir algunas cosas, porque están muy bien hechas. E Iruñea necesitaba respirar un poco. ¿Irán a por los Olentzeros? Espero que no. Iruñea era el ejemplo más extremo, y se ha ganado mucho en convivencia en estos cuatro años.

L. A.: Yo creo que hay que diferenciar entre el ruido y luego lo que realmente vaya a suceder. Maya ha dicho que va a quitar dos guarderías en euskera. Pero, ¿las va a quitar o está generando ruido, a ver cómo reacciona la gente? ¿Llevará los herri sanferminak a la Rotxapea? ¿Se atreverá a rebajar las ayudas al euskara, que ya son de por sí bajas? Y cuando llegue la hostia importante, ¿sabremos identificarla?

¿Cómo se consigue generar mayorías grandes y comprometidas que hagan moverse a partidos e instituciones en una sociedad tan heterogénea como la navarra?

G. O.: Un tema como el de Altsasu las puede generar, pero es muy difícil que un colectivo pequeño genere mayorías. Es una lucha de largo plazo, años y años de trabajo. Sucedió con la insumisión, pero duró años. Es muy difícil a corto plazo. Con algo que coyunturalmente sacude a la sociedad, sí es posible.

S. I.: La clave es el trabajo. Mira el movimiento feminista: hace unos años era impensable una movilización tan masiva. No es algo que se consigue de un día para otro y la implicación es esencial, y también hay que acertar. Hay luchas que las inician cuatro locos. Cuando Nafarroa Bizirik empezó a andar, la gente pensaba que era cosa de historiadores...

G. O.: Y le ganó la batalla a UPN. No le pudo dar la vuelta.

S. I.: Al principio éramos pocos, pero todo es trabajo, esa inversión de tiempo en reuniones fue dando sus frutos. También se dieron otros factores, por supuesto, pero la militancia es fundamental.

¿Cómo veis en 2019 a los movimientos sociales navarros?

B. Z.: El movimiento feminista está en la cresta de la ola en cuanto a movilización, que es superimportante, y además con razones, bien orientadas. Terminamos las manis, todo el mundo está feliz, somos las mayores productoras de felicidad. Pero luego no se cosifica en organización.

Una vez que hemos aglutinado mayorías, estamos ahí, con cierto nivel de organización, el siguiente paso es el complicado. Por otro lado, no hemos caído en la institucionalización, pero en este crecimiento de la movilización, existe el riesgo de que todo el mundo quiera entrar como elefante en cacharrería a patrimonializar, a ver qué pilla.

L. A.: Esas movilizaciones de decenas de miles de personas, ¿cómo haces para organizar eso? Para mí es la madre del cordero en relación al movimiento feminista: la ola en algún momento bajará. Por eso, para mí es importante cómo se politizan las movilizaciones y la gente que participa en ellas. No solo en el feminismo, también en el resto de ámbitos.

S. I.: El movimiento popular era muy fuerte en los 70-80, empezando por la lucha obrera. Luego llegaron la lucha contra la construcción del pantano de Itoitz, la insumisión, las dinámicas de la plataforma Oinarriak a favor de la oficialidad del euskara, etc. Recuerdo participar en 8Ms y 28Js con mucha menos gente. Mucho más cerca en el tiempo hubo unas sinergias muy potentes. Creo que hoy también los movimientos sociales de Nafarroa necesitamos construir sinergias.

G. O.: Llevo 28 años participando en distintos movimientos sociales y siempre nos hemos quejado de que estamos poca gente. Ahora también somos pocos, pero bueno, también eso es ser parte de los movimientos sociales, hacer trabajo constante de hormiga, a veces en condiciones adversas.



Las formas de compromiso están cambiando. El modelo de militancia clásico está en crisis, pero al mismo tiempo hemos conocido las movilizaciones más potentes de la Nafarroa contemporánea.

L. A.: Sí creo que están cambiando las formas, la forma de entender la militancia etc., pero tampoco ha cambiado tanto. Las formas de compromiso están cambiando y a la gente le cuesta más salir a la calle o participar en reuniones. Dicho esto, creo que en Nafarroa y el resto de Euskal Herria hay una gran cultura de autoorganización y participación.

G. O.: Cuando anduve con Askapena, allí donde fui, no había movimientos de base. O muy institucionales, o muy reducidos, o muy ortodoxos. En Milano, igual hay tres colectivos comunistas que no se pueden ni ver. O en Belfast, aparte del grupo en favor de Palestina, no se veía nada más. En Euskal Herria, estamos flojos pero hay que tener en cuenta eso.

¿Cómo conseguir mantener a los movimientos fuertes? En mi opinión, los espacios comunitarios, los gaztetxes, los medios de comunicación libres son importantes. Gente crítica y con ganas, y movimientos plurales. Yo creo que los tenemos. Nos quejamos pero empiezas a ver qué dinámicas hay y es brutal.

Iñaki VIGOR

Domingo al mediodía. El sol y la agradable temperatura invitan a pasear, pero las calles y plazas de Iruñea están prácticamente desiertas. Han pasado dos semanas desde que comenzó el estado de alarma, para intentar frenar la expansión del coronavirus, y la ciudad ofrece un aspecto que parece irreal.