También Iruñea se abasteció de madera con troncos transportados por el río

A lo largo de siglos las almadías han abastecido de madera del Pirineo a diversas ciudades y astilleros. Un sistema similar, conocido como ‘leñadas’, también se utilizó para transportar madera hasta Iruñea y cubrir las necesidades de carpinterías, carboneras, hornos y tejerías.

Iñaki Vigor|08/07/2020
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Los troncos procedentes de bosques de Esteribar y Ultzama bajaban hasta Iruñea por el cauce los ríos Arga y Ultzama. (FOTOGRAFÍAS: Iñaki VIGOR)

Al igual que la piedra, la madera ha sido un material básico para el desarrollo de la humanidad. Servía para hacer fuego, cocinar y calentarse; para construir casas, cubiertos, muebles, herramientas, armas, ruedas, carros, barcos… y también para alimentar hornos que a su vez servían para fabricar cerámicas, tejas y otro tipo de objetos cotidianos.

En tiempos donde no había tren ni vehículos a motor, el problema era llevar la madera desde el bosque hasta las poblaciones donde la necesitaban en grandes cantidades. En los valles pirenaicos se recurrió a las almadías para realizar ese transporte y llevar la madera hasta Zaragoza e incluso hasta las localidades situadas cerca de la desembocadura del Ebro.

Este sistema se utilizó hasta hace pocas décadas, y desapareció con la construcción del embalse de Esa y la llegada de nuevos medios de transporte. En la actualidad pervive como una curiosidad etnográfica y como atractivo turístico.



¿Y cómo se abastecía Iruñea de esta materia prima cuando no existían carreteras ni camiones? La capital navarra necesitaba gran cantidad de madera para uso doméstico, construcción, carpintería, carboneras, hornos, tintorerías y tejerías, entre otros muchos usos. Una gran parte de Iruñerria había quedado deforestada tras la realización de talas masivas de árboles y la creación de campos de cultivo, así que necesitaba recurrir a la madera de otros lugares.

La solución consistió en transportar troncos procedentes de los bosques de Esteribar y Valle de Ultzama, desde donde se conducían hasta la capital navarra a través de los ríos Arga y Ultzama. Este sistema comenzó a utilizarse de forma regular y organizada a mediados del siglo XVI, tal como se refleja en diversos documentos antiguos, y desapareció con la mejora de las comunicaciones terrestres y el transporte motorizado.

Troncos guiados desde las orillas

Los troncos se llevaban desde los bosques de los valles occidentales hasta las orillas de los ríos mediante animales de carga, luego se apilaban y cada propietario los marcaba con una señal distintiva. Después se agrupaban por medio de redes y se echaban al río. Una serie de presas construidas en las regatas menores permitían regular el caudal de los ríos Arga y Ultzama, que se unen y forman un solo cauce a la altura de Atarrabia.



Una vez iniciado el descenso de los troncos, cuadrillas de hombres provistos de largos palos con garfios guiaban los maderos desde las orillas, a lo largo de más de 20 kilómetros. La ‘riada de leña’ tardaba varios días en llegar a Iruñea, donde finalizaba su recorrido junto al Molino de Caparroso. Desde allí se distribuía por toda la ciudad para abastecer todo tipo de actividades.

Este singular medio de transporte de madera fue origen de continuos conflictos, ya que los troncos causaban importantes daños en molinos, presas y puentes. A modo de compensación, se estableció el abono de un canon que los leñeros debían pagar a los dueños de estas infraestructuras, tanto públicos como privados.

Varios paneles colocados en el Paseo del Arga, por iniciativa de la Mancomunidad de Iruñerria, ofrecen información sobre las ‘leñadas’, incluido un mapa del canon que los leñeros tenían que pagar en el año 1565 por el paso del puente de Sorauren.


 

En el año 1934, Iruñea fue escenario de un atraco a un banco con tiroteo incluido que parece salido de una película. Los siete asaltantes terminaron detenidos, con un saldo de cuatro heridos en el suceso.