Del cántaro de agua al control electrónico del suministro en Iruñerria

Hasta el año 1895, los vecinos de Iruñea tenían que acudir con los cántaros a las fuentes o pozos artesanos para disponer de agua en sus casas. Parece una estampa medieval, pero sólo han transcurrido 122 años desde que se realizaba aquel autoabastecimiento manual. En la actualidad, el suministro de agua a Iruñerria se realiza mediante control electrónico y desde tres fuentes distintas: el nacedero de Arteta, el embalse de Eugi y el Canal de Navarra.

Iñaki Vigor|11/08/2017 09:21
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Imagen del Arga a su paso por Iruñea. (FOTOGRAFÍAS: Iñaki VIGOR)

El agua de boca en Iruñea, hasta hace poco más de dos siglos, la aportaba el río Arga y algunas fuentes, manantiales y pozos públicos y privados. La primera referencia escrita documentada de una fuente data del año 1252. Se trata de Azella, que también daba nombre a un poblado, ya desaparecido, que se encontraba entre los ríos Elortz y Sadar, en el actual campus de la Universidad del Opus. Con el tiempo, la fuente de Azella pasó a conocerse como Fuente del Hierro, por su alto contenido ferruginoso. Esta fuente se encontraba en el actual barrio de Iturrama, topónimo que indica la importancia de aquel manantial. De hecho, en el siglo XVI se hizo una canalización para abastecer desde allí a la población.

Dentro del recinto amurallado de la ciudad sólo existían tres fuentes de cierta importancia: Santa Cecilia, San Antón y la fuente del León. Pero el agua escaseaba en verano, y además  estaba permitido arrojar los excrementos humanos a la vía pública al grito de «¡Agua va!».

En 1766 el Ayuntamiento decidió poner fin a esta situación de insalubridad. Seis años después ya estaba finalizada la primera red de alcantarillas, y en 1790 se inauguró un surtidor de 24 caños que manaban el agua procedente de Subiza gracias a una obra hasta entonces desconocida. Los iruindarras de finales del siglo XVIII se llevaron una gran sorpresa al ver circular el agua por la parte superior de una larga sucesión de arcos conocida como Acueducto de Noain. Esa imponente obra permitió abastecer a las fuentes públicas de Iruñea del agua procedente del manantial existente al pie de la sierra de Erreniega (El Perdón).

El tramo más largo del acueducto, convertido en uno de los símbolos más conocidos de Iruñerria, tenía su continuidad por un canal que atravesaba la sierra de Taxoare (Tajonar) a lo largo de un kilómetro y salía al Valle de Aranguren. Otros arcos más pequeños se encargaban de conducir el agua hasta cerca del término de Sotoburu, desde donde llegaba a los depósitos de Mendillorri a través de una conducción subterránea que pasaba junto a Badostain. Muchas de las grandes piedras redondas que jalonaban esta conducción todavía siguen allí, semidestrozadas y ocultas entre matojos.



Obra del arquitecto Ventura Rodríguez, el Acueducto de Noain fue inaugurado en 1790. Se trataba de una infraestructura hidráulica faraónica y espectacular para aquella época, ya que supuso trasladar el agua a lo largo de 16,5 kilómetros de recorrido. El acueducto llegó a tener 1.245 metros de longitud y 97 arcos de piedra y ladrillo, con columnas de hasta 18 metros de altura que sostenían en lo alto el canal por el que discurría el agua. En 1858 se derribó uno de los pilares para facilitar el paso del tren, y en 1974 se tiraron dos de los arcos laterales para construir la Autopista A-15. Ambas vías destrozaron parte de aquel acueducto, considerado entonces por diversos arquitectos como uno de los más hermosos de Europa.

Cien años más tarde el caudal procedente de Subiza (10-15 litros por segundo) resultaba insuficiente para cubrir la demanda de agua de los 28.500 habitantes de Iruñea. En 1885 el cólera azotó la ciudad, lo que fue achacado al mal estado de las alcantarillas y a la falta de higiene por la insuficiencia de agua. Fue entonces cuando se recurrió al manantial de Arteta. En 1895 ya estaban construidas las infraestructuras de la nueva conducción, y el 6 de julio de ese mismo año se inauguró la traída de aguas de Arteta en torno a la fuente-estanque que se había construido para la ocasión en el Paseo de Sarasate, conocido entonces como Paseo de Valencia.

Aquel fue un hito histórico, ya que Iruñea empezaba a contar con agua corriente en cada casa particular. El Ayuntamiento se reservó un mínimo de 1.000 metros cúbicos de agua diarios para los servicios públicos y cedió 70 litros por segundo a la sociedad anónima creada por iniciativa privada y algunas entidades de crédito para acometer la obra de Arteta.

Aumento de población y de consumo
La necesidad de más agua y, por tanto, de ampliar las instalaciones, provocó unas tensas relaciones entre la sociedad privada y el Ayuntamiento, hasta que en febrero de 1936 el Consistorio aprobó la municipalización del servicio de abastecimiento de agua a la ciudad mediante un proceso de expropiación. En julio de 1940 se creó el Servicio Municipal de Aguas de Arteta como órgano gestor del abastecimiento a la capital navarra.

Conforme la ciudad iba aumentando de población, crecía la necesidad de disponer de mayor caudal de agua. De los 70 litros por segundo que se le concedieron en 1886, se pasó a 150 en 1936 y 450 en 1961. En sólo 40 años (1941-1981), el aumento del consumo de agua fue del 697%. La traída de aguas de Arteta obligó también a construir instalaciones para la filtración de agua en periodos de turbidez, y en 1947 se ampliaron para albergar el tratamiento con cloro.



La preocupación por la escasez de agua se fue acentuando, hasta que en 1959 se planteó construir un embalse en las inmediaciones de Eugi. Las obras de la presa finalizaron en 1965 y las aguas cubrieron parte del pueblo, pero el abastecimiento de agua a Iruñea estaba asegurado. Así lo parecía entonces, pero en pocos años se desbordaron todas las previsiones de crecimiento demográfico y desarrollo industrial, no sólo de la capital, sino también de Barañain, Burlata, Antsoain, Berriozar, Zizur, Noain...

En 1950, Iruñea apenas contaba con 72.000 habitantes, una década después alcanzó los 97.000, y el crecimiento seguía imparable en toda la Comarca. Entonces se vio la necesidad de dar una solución mancomunada entre todos los municipios, lo que llevó en 1982 a la creación de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona-Iruñerriko Mankomunitatea.


LAS TRES FUENTES DE ABASTECIMIENTO

El manantial de Arteta
El manantial o nacedero de Arteta está situado en el Valle de Ollo, a 30 kilómetros de Iruñea, y es una de las salidas naturales del inmenso acuífero que oculta la sierra de Andia. Esta gran reserva almacena el agua caída sobre una superficie aproximada de 100 kilómetros cuadrados y sus aguas se aprovechan para abastecer a Iruñerria con un caudal de 800 litros por segundo.

El caudal que fluye por la boca del manantial alcanza los 30.000 litros por segundo en épocas de fuertes lluvias y deshielos, mientras que durante el estiaje no supera los 350 litros por segundo. La aportación media a lo largo del año es de 3.000 litros por segundo.



El agua de Arteta es de buena calidad, pero necesita un tratamiento que la haga apta para el consumo humano. Para ello, se canaliza hasta la estación potabilizadora de Egillor, a 6 kilómetros del manantial, y luego se distribuye a los depósitos distribuidos por Iruñerria.

Las instalaciones de Egillor se completan con una central hidroeléctrica en la que Iberdrola y la Mancomunidad comparten el aprovechamiento energético derivado de los excedentes de agua del manantial. Sus dos turbinas aprovechan el desnivel de 120 metros existente entre el nacedero de Arteta y la central.

El embalse de Eugi
El embalse de Eugi está situado en el Valle de Esteribar, casi en la cabecera del río Arga, a 26 kilómetros de Iruñea. Antes de la construcción del Canal de Navarra proporcionaba algo más de la mitad del suministro de agua, y la otra mitad correspondía a Arteta. La capacidad del embalse es de 20 hectómetros cúbicos, y el caudal aprovechado para abastecimiento es de 1.050 litros por segundo.

El agua procedente de Eugi es de buena calidad, ya que el embalse está situado en un valle con escasa población, sin apenas industria y poca contaminación. Pero antes de su consumo es conducida a la Estación de Tratamiento de Agua Potable de Urtasun.



Además de la desinfección con cloro, que impide la proliferación de microorganismos y la formación de algas, el agua se filtra por unas mallas metálicas que retienen las hojas, peces y otros sólidos arrastrados por la corriente. Al igual que en Egillor, a pie de presa existe una central hidroeléctrica que transforma la energía del agua en electricidad.

El Canal de Navarra
Con la puesta en funcionamiento de la Estación de Tratamiento de Agua Potable en Tiebas, en junio de 2006, el Canal de Navarra se convirtió en la principal fuente de abastecimiento de Iruñerria. Esta instalación cuenta con una capacidad de tratamiento que puede alcanzar los 3.000 litros por segundo, lo que garantizaría el suministro de la Comarca al menos durante los próximos 25 años.



El agua del Canal de Navarra procede del polémico embalse de Itoitz, cuya presa de 135 metros de altura permite almacenar hasta 418 hectómetros cúbicos de agua. Su construcción generó un fuerte rechazo social y dio lugar a numerosos recursos judiciales. Varios expertos siguen advirtiendo de que el deslizamiento de la ladera podría provocar una gran catástrofe.  

El agua de Itoitz es de buena calidad, puesto que proviene de los ríos Irati y Urrobi, situados en valles con escasa actividad económica y baja densidad de población.


LOS DEPOSITOS DE MENDILLORRI Y LA DEPURADORA DE ARAZURI
Un simple movimiento de la mano sirve para obtener agua al instante, pero tras esta facilidad e inmediatez se esconde un largo y costoso recorrido. El agua debe viajar a través de cientos de kilómetros de tuberías hasta llegar a los depósitos de Mendillorri y, tras el posterior uso, hasta la depuradora de Arazuri.

Los dos depósitos más antiguos de Mendillorri datan de 1895 y tienen 6,5 millones de litros de capacidad cada uno. En 1942 se construyó otro depósito de 13 millones de litros, y dos más en 1956, con la misma capacidad, y en 1975 se incorporó otro depósito con una capacidad de 16 millones de litros.

De estos depósitos parte una compleja red de tuberías de más de 1.200  kilómetros que conducen el agua a hogares, fábricas, escuelas, hospitales, parques, jardines y a cualquier lugar donde se necesite.



Pero el ciclo del agua no finaliza en los depósitos de Mendillorri, sino que todavía le falta el recorrido de su uso y posterior depuración. Iruñea fue una de las primeras ciudades del Estado español que incorporó el alcantarillado de las aguas fecales como solución a los problemas de higiene y salubridad que padecía la ciudad. Todas esas aguas iban a parar al río Arga, que con el paso de los años perdió su vida piscícola, su limpieza y su encanto.

En la actualidad, las aguas residuales generadas en Iruñerria son conducidas  hasta la estación depuradora de Arazuri (en la imagen) a través de una red de más de 100 kilómetros de longitud. En esta instalación se purifican las aguas antes de ser devueltas al río Arga, completándose así el ciclo integral de un elemento sin el que sería imposible la vida en las ciudades.

Pello GUERRA

«Las otras gentes creían que no se podía escribir/ahora han comprobado que estaban engañados. Euskara, sal al mundo». Este texto, plasmado por Bernard Etxepare en su libro ‘Linguae Vasconum Primitiae’ (1545), es uno de los escritos que a lo largo de dos mil años han evidenciado los estrechos vínculos entre los navarros y su lengua, el euskara. Una exposición muestra algunos de esos documentos en el Archivo General de Nafarroa.

Iñaki VIGOR

En 1972 cuatro adolescentes de Iruñea pusieron el germen de Satorrak, que con el tiempo se ha convertido en uno de los grupos espeleológicos más activos de Euskal Herria. En estos 45 años han pasado por él tres generaciones de espeleólogos con una pasión común: explorar y conocer el interior de la tierra. Han sido autodidactas, pioneros en muchos aspectos, y aunque son aficionados, realizan un trabajo muy profesional. Han descubierto la famosa cueva de los osos de Amutxate, han sacado a la luz las primeras pinturas rupestres del Paleolítico en Nafarroa, han ayudado a recuperar restos de asesinados que fueron arrojados a las simas y han topografiado cientos de kilómetros de galerías.