20/04/2017

Pello Guerra
Periodista
El terror atado y bien atado del franquismo

Han pasado 80 años de aquellos luctuosos sucesos y 40 desde que Franco está enterrado en el valle de Los Caídos, pero el terror que se implantó entonces sigue estando muy presente. La represión que se desató en Nafarroa a raíz del golpe de Estado fue tan feroz que a muchas personas que vivieron aquellos acontecimientos les cuesta hablar de lo sucedido prácticamente un siglo después.

«No hay que remover el pasado», «Lo pasado, pasado está», señalan con mirada huidiza. Pero lo que reflejan sus gestos, el lenguaje corporal, es auténtico miedo a recordar. El manto de silencio que entonces cubrió a los más de 3.000 muertos en una zona sin frente de guerra sigue siendo muy pesado. Lo más conveniente era guardar silencio y esa consigna quedó grabada en su cerebro a sangre y fuego.

Así se explica que un niño de 7 años que presenció cómo ejecutaban sin miramientos a varios fugados de la prisión de Ezkaba en 1938 haya callado aquellos crímenes hasta ser un anciano. Le ha costado todo ese tiempo señalar el punto de Burutain donde se encontraban enterrados.

Con su testimonio, este octogenario ha conseguido dar cierta paz a aquellas víctimas del franquismo, pero también a sí mismo, porque ha reconocido que se acordaba «miles de veces de aquel día». Y con su decisión ha demostrado ser capaz de superar ese miedo que consiguió implantar la dictadura hasta límites insospechados.

Si por terrorismo la RAE entiende en una de sus acepciones como «dominación por el terror», está claro lo que practicó el franquismo.